CONTEXTO CULTURAL

En la ciudad de Salto, se encuentran ejemplos de notable calidad representativos de la Arquitectura Moderna, que se proyectaron bajo la influencia de los arquitectos y las obras emblemáticas de las corrientes renovadoras originadas en los países centro, que ya habían llegado a América y al país a través de publicaciones, presencia de figuras representativas de ese movimiento y viajes de arquitectos uruguayos al exterior (muchos a través del Gran Premio de Arquitectura a partir de 1918).
En Salto, como expresa Juan Carlos Ferreira, “las décadas del 20 al 50 trajeron ejemplos de una arquitectura cuyo común denominador era el espíritu renovador y la notable calidad de diseño, que hubiera justificado su aparición en las revistas especializadas. Pero Salto está lejos de la capital o para decirlo con palabras montevideanas, ‘está para afuera’.”
Se observa en Salto, obras de de excelente calidad, extraordinariamente modernas pero con un cuidado y respeto por las particularidad del medio físico en el que se insertaban.
A los efectos del análisis sobre todo en relación de la arquitectura con las artes visuales en Salto, podemos determinar dos períodos: años treinta y cuarenta y años cincuenta y sesenta.


PRIMER PERÍODO: AÑOS ’30 – ‘40
Marco cultural
Un primer período, lo situaremos en la década del cuarenta (en arquitectura lo delimitan los arquitectos Machado y Vlaeminck en su trabajo Salto: El racionalismo arquitectónico. La etapa de transición: 1930-1940
[1]) se detectan las primeras manifestaciones de esta nueva arquitectura donde se comienzan a manifestar “elementos modernos”, aunque en la mayoría de los casos con el cuidado respeto por su inserción en la ciudad. Podemos citar como ejemplos más representativos el primer período del Arq. Francisco Lucas Gaffré con sus obras con clara influencia del racionalismo, las obras del Arq. Armando Barbieri con influencias del expresionismo holandés, el Arq. Pedro Oscar Ambrosoni quien “transformó su primer Racionalismo de revoques y prismas, en otro que se deleitaba trabajando con ‘le béton brut’ y la piedra, a la manera de un pintor-escultor-arquitecto”[2], el Arq. Daniel J. Armstrong quien incorporó las características del expresionismo holandés con el organicismo de Frank Loyd Wright, principalmente en las obras en sociedad con el Arq. Pedro Oscar Ambrosoni; el Arq. José María Ambrosoni, en cuyas obras “se reconoce el espíritu geométrico racionalista pero también una muy salteña calidez en residencias ‘orgánicas’”[3]

En algunas de las obras de estos arquitectos se ha incorporado trabajos de destacados artistas plásticos que tienen valor patrimonial no sólo por su calidad sino en algunos casos por ser testimonio del pasaje de sus autores por la ciudad y la influencia que ejercieron en artistas salteños. En las obras de este período, ésta incorporación se realiza a la manera de murales esgrafiados o pintados por artistas como el pintor italiano Enrique Albertazzi, el artista italiano que había llegado a Montevideo para realizar la ornamentación del Palacio Legislativo y a Salto para restaurar los frescos del Teatro Larrañaga, el maestro húngaro José Cziffery quien fue el primero en dirigir el Taller Pedro Figari de la Asociación Horacio Quiroga, el salteño José Echave, y el argentino Juan Carlos Castagnino quien llegó invitado por Amorim a conocer la ciudad, en determinados sectores de los edificios. No se puede asegurar que sean obras plásticas que se hayan diseñado junto con el proyecto arquitectónico, pero sí demuestra el interés de los arquitectos en integrar la obra de arte, aunque en esa relación la arquitectura es el eje fundamental.
Las obras a las que nos referiremos podemos inscribirlas dentro del Realismo Social uruguayo, que como define Gabriel Peluffo, se trata de “una corriente de arte figurativo que busca diversas aproximaciones a la temática social y popular. Desde la que se propone una elaborada descripción de tipos humanos característicos, hasta la que incursiona en la crítica social afirmando ideas americanistas.”
[4] Esta corriente Peluffo la sitúa a nivel nacional en la década del treinta, en el “período comprendido entre la primera pintura renovadora alentada por el modernismo europeo (la de los años diez y los años veinte) y la segunda (alimentada por influencias tardías por ‘ismos’ de posguerra.)” por lo que la producción artística vinculada a esta corriente había quedado fuera de la historiografía nacional y frecuentemente descalificada.
Como podemos observar en Salto, aunque un poco más tardíamente, las obras que a continuación describiremos, evidencian las características de esta corriente en nuestro país definida por Peluffo, en el sentido que no se trata de un movimiento de características ideológicas y estéticas unívocamente definidas, sino que se observa “una multiplicidad de visiones personales acerca del paisaje social de la idiosincrasia popular, a través de un arte realista que no desconocía lenguajes contemporáneamente practicados en América Latina, Estados Unidos, Alemania, Francia y la Unión Soviética.”
Salto cuenta con el testimonio de este movimiento artístico, en los murales que se describirán a continuación perpetrados en diferentes programas arquitectónicos: el Club Uruguay, el garage El Palacio, la ex Maison Anita, una imprenta y una residencia particular.


Sus autores, de una u otra forma fueron influidos “por algunos artistas argentinos como Antonio Berni, Demetrio Urruchúa y Lino Spilimbergo, o de algunos brasileros como Emiliano di Cavalcanti y, fundamentalmente, Cándido Portinari.”, así como por el muralismo mexicano, en especial la obra de David Alfaro Sequeiros.

[1] Machado Da Silva, Adriana, Vlaeminck, Luis (coord): Salto: El racionalismo arquitectónico. La etapa de transición: 1930-1940, Universidad de la República, Facultad de Arquitectura, Regional Norte, Salto, 1999.
[2] Ferreira, Juan Carlos: “La ciudad y su arquitectura” en Salto, Colección Los Departamentos, Editorial Fin de Siglo, junio 2000.
[3] Ibidem
[4] Peluffo Linari, Gabriel: “El Realismo Social en el Arte uruguayo: (1930-1950). En catálogo de la exposición. Museo Municipal de Bellas Artes, Juan Manuel Blanes, Montevideo, noviembre, 1992.

SEGUNDO PERÍODO: AÑOS ’50 y ‘60
Marco cultural

En el Uruguay, en relación a las artes visuales, los años cincuenta constituyen el inicio de lo que serán los agitados años sesenta, “es el momento de gestación de todos los agentes sociales y culturales que constituirán el aura histórica de la década siguiente”[1]. Como expresa Gabriel Peluffo, ”Entre mediados de la década del cincuenta y mediados de la década siguiente se sitúa el momento propicio para la existencia de una vanguardia artística en Montevideo, entendida no tanto como transplante de doctrinas o lenguajes metropolitanos –que lo fue, aunque en condiciones distintas a las de los años veinte. Sino entendida como autoconciencia de un determinado grupo social y cultural, como convicción íntima –rara vez explicitada en bases programáticas- de estar actuando por un lado solitariamente, pero por otro solidariamente con relación a los nuevos ideales de integración y de universalidad estética forjados en Europa y en Estados Unidos durante la postguerra”[2]. Es en este período que el Uruguay se percibe como moderno y tanto artistas como arquitectos sienten la necesidad de participar de los procesos renovadores del mundo contemporáneo. En este período, se observa también en el marco de una polémica entre artistas abstractos y artistas figurativos, que además de posiciones estéticas y políticas, se enfrentan en el “problema ético de la soledad del artista y su vinculación productiva con el resto de la sociedad.” [3] Comienzan a generarse impulsos renovadores en el campo de las artes visuales que pueden observarse a través de la asistencia a las Bienales de arte de San Pablo o de las exposiciones del Instituto General Electric (1963), las exposiciones de arte no figurativo. A su vez se forjan experiencias vinculadas al ascenso político de la izquierda, como el Club del Grabado (1953) donde los artistas que la fundan (Cziffery fue uno de sus pioneros) ven al grabado como “una manera de producir obras en serie a efecto de crear circuitos de distribución capaces de “masificar” la experiencia estética.” Este panorama. al que la historiografía del arte nacional, principalmente atribuye a Montevideo, se verá reflejado también en los artistas y arquitectos salteños de quienes nos ocupamos en este trabajo. A diferencia de las obras que analizamos anteriormente (años 40), en las obras realizadas en Salto en las décadas del cincuenta y sesenta, predominan las propuestas de arte abstracto y de una relación entre arquitectura y arte más constituida.
En Uruguay, se pueden encontrar las primeras experiencias en la enseñanza integral de las artes, en el período de la Escuela de Artes y Oficios dirigida por Pedro Figari y más adelante en la influencia de Joaquín Torres García con sus ideales de integración de las artes y su influjo en la concepción y obra de varios arquitectos nacionales como en Lorente Escudero, Antonio Bonet, Ernesto Leborgne, Mario Payssé Reyes, Juan Menchaca, Luis San Vicente y el ingeniero Eladio Dieste (cuya producción arquitectónica en Salto es en calidad y cantidad extraordinaria).
Arquitectos uruguayos renovadores como Vilamajó, Cravotto, Fresnedo Siri entre otros también han diseñado los muebles, el equipamiento, trabajado con artistas plásticos en sus obras, con una concepción integral del diseño. En Salto, un referente en ese sentido es el arq. Daniel J. Armstrong, aunque como la obra de otros destacados arquitectos salteños ha tenido injustamente poca difusión y análisis por parte de la crítica y la historiografía nacional, seguramente por encontrarse fuera de Montevideo, centro hegemónico de la cultura uruguaya. En este período podemos mencionar la casa Armstrong su propia vivienda frente al club Remeros y la obra en sociedad con P. Oscar Ambrosoni como la sede del Club Nacional de Fútbol.

En el campo de la arquitectura salteña, los profesores Machado, Rodríguez Pratti y Vlaemnick llaman “El racionalismo arquitectónico. La etapa de consolidación” donde podemos encontrar obras que se acercan más al lenguaje del Movimiento Moderno más ortodoxo, aunque sin dejar de adaptarse al contexto, logrando mejorar el entorno urbano en la mayoría de los casos.

Obras de arquitectos como Carlos Rodríguez Fosalba[4]., formado en el Taller Gómez Gavazzo en cuya obra se puede encontrar influencias de Marcel Breuer, Mies Van der Rohe y Le Corbusier. Como expresa Juan Carlos Ferreira, Rodríguez Fosalba “trabajó con lenguaje racionalista realizando aportes de gran calidad tanto en lo que se refiere a lo constructivo como a la contribución al paisaje urbano, jugando con la figura geométrica y el color.”
Rodríguez Fosalba ha incluido en varias de sus obras el concepto de diseño integral que predominaba en los proyectos de los maestros del Movimiento Moderno. El diseño propio del mobiliario, vitrales y otros elementos del equipamiento, así como la invitación a artistas a trabajar en característico en sus obras. Ejemplos de esta integración son el Club Salto Uruguay, la Iglesia Metodista y algunas viviendas como la Casa Migliaro, la casa Fernández Ballarini y la casa Motta.

En este período también podemos enmarcar gran parte de la obra de César Rodríguez Musmanno (Salto, 1927), uno de los protagonistas más importantes de este trabajo, no sólo por la calidad de su extensa obra arquitectónica y artística sino también por su aporte en innumerables aspectos de la cultura en su Departamento natal. Pudimos comprobar a lo largo de estos dos años de trabajo en los que estuvimos en permanente contacto con él, lo que significa este hombre para la cultura salteña.
El arquitectoartistaplástico, como él mismo se autodenomina, es un referente de la arquitectura y el arte en Salto y también de la dirigencia gremial y militancia socialista. “Ojito” como todos lo conocen, formado casi en forma paralela en artes plásticas (1946) -dibujo y pintura con personalidades como el Maestro José Czifery y el pintor José Echave en el Taller Pedro Figari de la Asociación Horacio Quiroga de Salto- y en arquitectura –Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República (ingreso en 1947) con docentes como Leopoldo Artucio, Fernando García Esteban, Ruben Duffau, Domingo Bazurro- no sólo las ha utilizado una en merced de la otra, sino que además las integró en todos sus trabajos. Además de los referentes en su formación, su obra está impregnada de los colores y texturas de los paisajes salteños que lo acompañaron desde su infancia
[5].
Como ha expresado: “Mi carrera profesional como arquitecto compaginada con la pintura, me ha permitido abarcar formas de expresión libres, atrevidas y arriesgadas. La creación plástica se caracteriza, sin embargo, por la rigurosidad compositiva de estructura tectónica, medidas y estudiadas con rigorismo arquitectónico y sensibilidad cromática.”
[6]

En este trabajo, nos ocuparemos de las obras que César Rodríguez Musmanno comienza a realizar en Salto a partir del año 1958, principalmente escuelas, cooperativas, monumentos y espacios públicos donde se hace efectiva la integración de las distintas actividades plásticas a la arquitectura “no como ejemplos de ‘integración decorativa’ sino de una obra de carácter conjunto y de estrecha interdependencia de todas estas manifestaciones como si se tratara de una sinfonía.” [7]

Además de sus propias obras, Rodríguez Musmanno, nos ha guiado en esta recorrida por Salto, mostrándonos el rico patrimonio artístico, arquitectónico y cultural que posee la ciudad y sobre todo muchas de las obras en que se presentarán en este trabajo en las que las fronteras entre la arquitectura y las artes visuales se desvanecen.

En este período y por su vinculación entre arquitectura y artes visuales, se destacan la Escuela número 34; las Termas del Arapey, junto al arquitecto Francisco Lucas Gaffree, también pionero en el desarrollo y difusión del arte y la cultura en Salto y destacado y recordado profesor; y los artistas José Echave y José Nóvoa, la subcomisaría en Arapey, el Monumento al arquitecto Barbieri, el Monumento Conmemorativo al Paso del Éxodo por el Río Dayman, el Motivo escultórico en Represa de Salto Grande y se incluirán dos obras que son realizadas a principio de los años setenta: la Escuela número 98 y el Local comunal Cooperativa COVISUNCA 1 y COVIFOEB 1

Lamentablemente, en nuestro medio muy a menudo gente ignorante o indiferente hacia el legado cultural, tapa, remueve, reforma o destruye obras artísticas o arquitectónicas de gran valor por su calidad, por ser testimonio de una época o legado de un autor. Este es el caso de tres obras de César Rodríguez Musmanno como es el caso del mural en la sede del Banco del Plata (Arqs. Oscar Ambrosoni y D. Armstrong) de 16, 5m x 3,5m del año 1965, realizado en piedra asentada con mortero de arena y Pórtland sin junta aparente, que fue tapado por un tabique de yeso en el año 2007; el mural en la Escuela Industrial de Salto (UTU) (Arq. José M. Ambrosoni) del año 1970, de 6,5m x 3,20m que consistía en una pintura sobre revoque fino, que fue demolido por la ampliación del local y su propia Residencia en la calle Zorrila y Belén en la que también se habían incorporado dos murales construidos en chatarra con la colaboración de alumnos de la Escuela Industrial de Salto pero nuevos propietarios reformaron la vivienda, eliminando entre otros aspectos de gran calidad, dichos murales.
César Rodríguez Musmanno también ha trabajado en espacios interiores, como los dos murales antes mencionados (en el Banco del Plata y en la UTU), ha realizado otros que permanecen como el del Liceo número 4 de Salto y el más reciente en la Biblioteca Municipal de Salto.

En este período los arquitectos Francisco Lucas Gaffrée (1908-1988) y Alfredo Peirano (quienes comienzan a trabar juntos desde 1959) realizan dos obras con murales de piedra y mosaicos incorporados a dos edificios de arquitectura racionalista, los talleres Don Bosco y el Colegio Salesianos.


[1] Peluffo, Gabriel: Historia de la Pintura uruguaya, tomo 2, pg. 98, Montevideo, 2000.
[2] Ibidem
[3] Ibidem
[4] Sobre la obra del arquitecto Carlos Rodríguez Fosalba acceder a: http://arquitecturaensalto.blogspot.com/
[5] Escribe Rodríguez Musmanno: “Todo mi trajinar de niño estuvo signado por el gran escenario del Salto aldeano, el Ceibal y el Sauzal, el río Uruguay: sus arrancas de negras rocas y rojas tierras, sus cascadas de revueltas aguas, las playas de cantos rodados y el sol que caía a plomo sobre nuestras cabezas…y luego, al atardecer, el cielo y el agua teñidos de rojos y anaranjados intensos sobre el horizonte donde se recorta la geometría de la costa argentina. Y la remontadade pandorgas compitiendo en colorido con los cambiantes cielos y la imagen bravía del Uruguay crecido, con su secuela de dolor y desgracia.
Ocres, verdes y rojos netos, río azul celeste o sepia fuerte según las bajantes y las crecientes, los pescadores y las lavanderas, el puerto con chatas, grúas y remolcadores, el astillero: chatarra y herrumbres, lanchas para el cruce a la gemela Concordia y el entorno urbano de calles empinadas, casonas colgadas de las barrancas, sombríos zaguanes y la gama de los verdes en montes, parques y plazas….”

[6] César Rodríguez Musmanno en Catálogo para exposición Arquitecturas 2, Intendencia Departamental de Paysandú, Galería “Eurípides Bellofont”, 7 de noviembre de 2008.
[7] César Rodríguez Musmanno en entrevista con Diario La Prensa, 21 de octubre de 2004.


LA CONTEMPORANEIDAD
La producción tanto artística como arquitectónica en el interior del país siempre ha estado en situación periférica, ocupando un lugar casi nulo en la crítica, en la historiografía nacional y en las publicaciones especializadas. Salto, aunque ha tenido la tradición cultural a la que nos hemos referido en la primer parte de este trabajo, no escapa a esta situación. Así como las obras que analizamos anteriormente, el escenario actual sigue casi igual. Montevideo, centro hegemónico, sigue negando culturalmente al resto del país. No vamos a explayarnos en este trabajo, sobre esta situación ya que el objetivo del mismo radica en lo contrario, pero existen innumerables ejemplos que ilustran esta “injusticia” perjudicial para todos.
Preferimos en este trabajo apostar a lo que se hizo y lo que se está haciendo para revertir este “desamparo cultural”.
A pesar que después de la crisis del año 2002, se han suspedido eventos tan importantes como las Bienales de Artes Visuales y que ha venido disminuyendo la actividad en el mercado del arte y de la construcción de obras de arquitectura en el Departamento, Salto sigue siendo un lugar propicio para el desarrollo artístico, arquitectónico y cultural, aunque se cuente con pocos recursos económicos. El legado artístico y la tradición cultural continúan estando presentes impulsando nuevas propuestas.

Debemos mencionar que además, desde los últimos tres años, se ha incrementado el apoyo a nivel gubernamental nacional hacia el interior. En primer lugar partamos de la base que esta investigación fue posible realizarlo gracias a los Fondos Concursables para el desarrollo artístico y cultural desarrollado por el Ministerio de Educación y Cultura apostó a priorizar trabajos en el interior del país para todas las categorías. Es así que se han desarrollado proyectos de teatro, danza, artes visuales, investigaciones culturales, históricas en distintas ciudades y localidades de todo el Uruguay. En el año 2009, se lanzó el llamado a "Fondos para el Desarrollo de Infraestructuras Culturales en el Interior del país 2009" con el objetivo de mejorar las infraestructuras o espacios dedicados a actividades artísticas y culturales, tanto en la órbita pública como privada. Por otro lado, el llamado a “Registro de Proyectos artísticos y culturales correspondientes al Fondo de incentivo cultural”, que priorizó en segundo lugar la reedición de la Bienal de Artes Visuales de Salto. En los últimos años se han instalado los Centros MEC, espacios creados con el fin de facilitar el acceso a la educación, a la innovación científica y tecnológica y a servicios y productos culturales en más de 70 pueblos y ciudades del interior.

Estos programas, aunque están contribuyendo a acortar las distancias, aún se observa que la difusión se da desde la capital hacia el interior, pero no así desde el interior a Montevideo ni para que circule el conocimiento entre Departamentos. Podemos poner como ejemplo de ello, el proyecto “Muestras Rodantes” que durante los años 2008 y 2009 la Dirección de Cultura del MEC llevó adelante, que con la mejor intención trató de ser una actividad descentralizadora de las actividades culturales, pero paradójicamente tenía características centralistas como ser que la mitad de los artistas eran de Montevideo y solamente uno por cada departamento del interior. Además, los artistas del interior sólo participan con su obra en su propio departamento junto con los artistas de Montevideo y en Montevideo pero no participan en los demás departamentos. Carlos Guinovart fue el representante de Salto en esta muestra.

Como ya se mencionó, la Universidad de la República ha estado presente en Salto desde 1957, primero con cursos y luego en 1987 con la instalación de la sede de Regional Norte en la ciudad de Salto. Además en el Plan Estratégico de la UR (PLEDUR) 2006-2010 el tema de la descentralización universitaria y del fortalecimiento institucional de los centros universitarios del interior. En este sentido se han impulsado programas para el desarrollo de la investigación, la extensión y la docencia (las tres funciones universitarias) en el interior, a través de Comisión Coordinadora del Trabajo de la Universidad de la República en el Interior.

La formación principal en artes plásticas en Salto continúan siendo los talleres. Además de ser centros de enseñanza, son lugares de difusión y discusión de ideas. En Salto, se destacan el de Daniel Amaral en “La Casa de Nuna” y el de Elsa Trolio vinculada a APLAS, y en los tres últimos años ha sido de gran importancia el Taller de Federico Arnaud en la sede de APLAS.
En Salto, como en el ámbito nacional, algunos artistas desarrollan su actividad plástica vinculados a la arquitectura y a la ciudad, siguiendo la tendencia del arte contemporáneo de las últimas décadas. Dejan de lado el monumento y la obra de arte duradera para realizar instalaciones efímeras, e intervienen en un espacio específico para luego desaparecer. Se pudieron encontrar también en Salto, obras creadas a partir de la concepción del espacio, dejando el modo convencional de exposición. Artistas que salen de los museos para trabajar en la ciudad o en otros espacios donde integran el público a las obras, comenzando así a cumplir un papel social, transformando espacios e invitando al espectador a incorporarse a la obra.

Recursos como las instalaciones, las performances, intervenciones en espacios y monumentos públicos, la fotografía, los medios digitales, los videos arte, son utilizados por los artistas como nuevas formas expresivas y para vincularse a la arquitectura, la ciudad y el paisaje.
Por lo anteriormente mencionado, obviamente la mayoría de los trabajos realizados en este período ya no pueden verse, han desaparecido, lo que queda de ellos es su registro fotográfico.

Algunos arquitectos también han incorporado al arte, ya sea en la concepción plástica de sus obras o incorporando elementos plásticos en las mismas.
Además de desarrollar a continuación el análisis de obras particulares, nos referiremos a eventos muy importantes para la cultura salteña como las Bienales de Arte de Salto y otros muy interesantes por sus propuestas artísticas y su participación multidisciplinaria como los Festivales de Arte y Rock del Río de la Plata y las tres exposiciones colectivas: Dialogar Despacio, Ucronías e Ideas en Libertad, realizadas en el centro de exposiciones del Mercado 18 de julio.

Bienales de artes visuales
Como ya lo hemos mencionado en la introducción de este trabajo, los Salones y las Bienales de Artes plásticas y visuales (Bienales de Primavera) realizadas desde 1970, han tenido gran relevancia nacional y han sido fundamentales para el desarrollo cultural de Salto. Han participado en estas bienales artistas uruguayos, de destaque nacional e internacional, así como destacadas figuras del ambiente artístico cultural que oficiaron de jurado de las mismas, como curadores y críticos de arte (Ernesto Heine en 1981, 1985, 1992, Roberto de Espada en 1996 y 1998, Walter E. Laroche en 1994, María Luisa Torrens y Angel Kalenberg, en 1983), expertos nacionales e internacionales (el profesor y crítico de arte argentino Aldo Galli, el crítico de arte brasileño Alberto P. Beuttenmüller en 1998, la periodista y crítica de arte argentina Elba Pérez en 2000). Llama la atención la participación en el jurado de muchos arquitectos como Mario Payssé Reyes (1981), Alberto Coppetti (1983), María Mercedes Martin y Carlos Carrere Granero (1994) Luis García Pardo (1992 y 1996 como jurado y 1998 como comisario artístico) y Olga Larnaudie (2000).


1 comentario:

  1. Muy rico y, a la vez, enriquecedor espacio. Gran idea esta de difundir la preocupación por la cultura generada en esa ciudad de Salto. Disfruté cada uno de los comentarios y de sus ilustraciones. Comentarios muy atinados, claros y precisos, que ayudan al desprevenido, como quien suscribe estas líneas. Me prometí un paseo en la primera oportunidad que visite vuestro querido país al que siempre he sentido tan cerca de mis sentimientos más profundos. Mi saludo afectuoso desde Santa Fe (Argentina)- Horacio Eseverri

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